domingo, 14 de febrero de 2016

CUANDO FELI PERDIÓ SU PUDOR

                                                                                   El pudor es una virtud relativa, segun se tenga veinte, 
treinta, cuarenta o cincuenta años
Honoré de Balzac
 Al nacer cada cual viene a este mundo con una serie de cualidades, características,, peculiaridades. Yo llegue con fuerza pero sin equilibrio, con muchísima memoria y nada de voluntad, bajito y excelente salud, inteligente y sin pudor; eso que define la Real Academia de la Lengua como "Verguenza de exhibir el propio cuerpo desnudo o de tratar temas relacionados con el sexo”. Por ello, de pequeñito, fui raro: alguien me acostumbró a bañarme desnudo, a dormir desnudo, a ir así por la casa sin importarme nada, estar de igual forma en lugares públicos: gimnasios, piscinas, playas, etc.
En la “Mili”, junto al “Banderas”, éramos los más enanos de la compañía, yo, sin embargo, el mas veloz desprendiéndome de la ropa, razón por la cual siempre me duchaba con las cuatro gotas de agua caliente que teníamos asignadas.
Otro de mis raros atributos es la suerte, no la económica, ni la ligada a juegos de azar, simplemente esa que el pueblo llano conoce como: — Chico que “suerte” tienes —. Tuve siempre trabajo, me prejubile muy joven y ahora, al  final de mis años, cobro una pensión mas que aceptable.
Desde que un día, haciendo pesca submarina en Cabo Peñas, una ola y un peñasco mal situado me arrancaron y perdí el traje de baño, deje prácticamente de usarlo, no por el desembolso económico que me ocasionaba el comprarme otro, sino por la comodidad de nadar desnudo y tomar luego el sol de idéntica manera.
Corrían entonces los años del franquismo. No fueron motivo para abandonar esta costumbre ni durante ellos tuve problemas con la autoridad o la justicia — eso que llamo “suerte” —. Con la Democracia, aunque mucha gente se vio salpicada por el puritanismo de gobernantes, clérigos o visionarios, no fue mi caso. En estos momentos soy el nudista mayor y más respetado de las playas asturianas y por mi estado laboral contribuyo con la única Asociación Naturista del Norte llevándoles la contabilidad y secretaria, siempre “Ad Honoris” como era de esperar.
Feli es, sino la mejor, una de las grandes amigas de Rosa. Ambas son taroístas y através de las cartas pasan conectadas casi de forma continua. Se preguntan por el trabajo, la salud, los amores, la familia. Hace años se separo de su marido y como consecuencia perdió peso, le apareció una ulcera estomacal y la dentadura  se le abrió como las flores en primavera. Así la conocí.
El tiempo, un dentista, un oculista y buenos alimentos han hecho que sin llegar a ser una belleza espectacular sea, a sus cincuenta años una mujer de buen ver, agradable, recatada, una hembra castellana como definiría Delibes, escritor, como ella, de Valladolid.
Cada cierto tiempo Rosa se desplaza a verla, más que nada, como digo, a consultar algún conjuro, intercambiar experiencias y analizar conjuntamente clientes con problemáticas especiales. Junto a ellas Amapola de Santander, Cándida de Málaga y Eugenia de Tenerife forman un grupo de amigas, unidas por el Tarot, que por problemas geográficos apenas si se veían.
Llegamos a la capital de Pucela un lunes por la mañana. Contra a mi disposición natural de alojarnos en un hotel, lo hicimos en su casa: pequeña, luminosa, con una cama, grande pero una y un sofá, en el que, como en las películas norteamericanas, dormiría yo. Pasear, ver museos, recorrer los bares típicos de tapas, dejar a las brujas en la casa y esperarlas, entrada la tarde, en aquella vinacoteca ganadora de varios premios a las mejores tapas era mi programa diario de festejos.

         Hola Anapa, que haces por Valladolid.
No suelo extrañarme. Por lo general, los simplemente conocidos acostumbran asociar la nacionalidad, el trabajo o alguna característica física, a mi nombre de pila y así me reconocen como el asturiano, el blanquito o el ingeniero antes que por José Luis.
Israel y Kusa me miraban desde una de las columnas de la plaza. 
         — ¿Como por aquí? Te echaron de Oviedo.
Los conocía desde hace años. Eran los responsables del naturismo español a nivel internacional y eventualmente, en Asturias o Madrid, participamos en algún mitin nudista
 Los conocía desde hace años. Eran los responsables del naturismo español a  nivel internacional y eventualmente, en Asturias o Madrid, participamos juntos en algún mitín nudista.
Él, químico e informático, representaba a los tres mil y pico naturistas españoles ante la Federación Internacional. Ella, su pareja, croata, antaño finita de carnes, hoy  recia y oronda, lo acompañaba, defendía y cuidaba en todos los eventos a los que asistían.
Cuando nos presentaron sostenía el naturismo puro, al margen de cualquier sesgo político, geográfico o racial de los asociados.
“Me da lo mismo una monja o una puta, mientras sea nudista”, me escribió en el primer email que nos cruzamos. Hoy la vida, el dinero, la justicia y sobre toda las castas  han hecho variar  su ideología, la forma de vender el naturismo aunque no creo que la de vivirlo. Como a todos, el tiempo, le quito pelo y le dio kilos, estabilidad, nombre, prestigio.
Nunca nos llevamos bien. Nos admitíamos, respetábamos y nos lanzábamos dardos envenenados envueltos  en piropos.
         — Sentaos y tomar algo. Estoy con Rosa en casa de una amiga.
Pasamos la mañana hablando de naturismo, de economía, del tiempo. Se despidieron con una invitación.
—Si estáis aquí el sábado os invitamos a casa. Una reunión naturista, más que nada a charlar un poco y tomar una copas. Aquí tienes mi dirección y  teléfono. Llámame cuando hables con Rosa y su amiga.
Vivían el la calle Gabilondo, muy cerca del Paseo de Zorrilla, Campo Grande y el Pisuerga. La casa debió ser herencia familiar pues estaba en la parte más noble de la ciudad. Cuando lo comunique ambas se sintieron emocionadas, se encerraron en el cuarto de las cartas e imagino que hicieron cualquier cantidad de tiradas por conocer, de antemano, que sucedería el sábado noche.
Por la mañana fueron a la peluquería y yo a comprar una orquídea, por no llegar con las manos vacías.
El portal noble, el ascensor una reliquia  y, por lo visto desde la calle, el quinto piso, donde vivían, tenía magnificas vistas sobre el parque. La noche cálida, antesala del verano.
Llamar, aparecer Kusa, verla y oír al fondo un murmullo de voces nos hizo entender que la reunión  se salía de lo normal. Ni se nos había ocurrido pensar que al ser todos nudistas estarían desnudos y así pensaban que estaríamos nosotros.
Kusa iba como vino al mundo, nos saludo de beso y nos dirigió hacia una habitación.
   Aquí podéis dejar la ropa y tomar una toalla para sentarse. Os esperamos en el salón. Sin prisa que no sois los últimos.
Salio y nos quedamos callados.
   Feli, ¿que quieres hacer? — dijo Rosa —. De verdad que no sabíamos nada. Nosotros somos, como ellos, nudistas pero nunca hemos estado en una situación como esta. Ni a José Luis ni a mi nos preocupa estar desnudos, pero en tu caso es diferente. Si quieres salgo y digo que nos marchamos. Por nuestra parte no hay problemas.
Feli, que había dejado el bolso y la chaqueta sobre la cama, se mantenía de pie, con los brazos cruzados, la cara roja como un tomate y la mirada perdida.
   Nunca lo he hecho. No es por vergüenza, tal vez por pudor, por miedo. No se.
   De ti depende —dijo Rosa — a nosotros nos da lo mismo ya hemos estado muchas veces desnudos con otras personas. No pasa nada. Enseguida te haces a ello, en cuando quieres darte cuenta ya te has habituado. Es la primera impresión, o mejor dicho cuando tomas la decisión de hacerlo.
Seguía de pie, callada, mirándonos a la cara. Pensando, sopesando si desnudarse o marcharnos.
         — Si lo hago es por vosotros, por el viaje que habéis hecho y porque no conozco a nadie de esta gente, aunque vivimos en la misma ciudad.
Dado el primer paso, superado el pudor se iba a lanzar a la experiencia del desnudo, no solitario, ni en pareja sino la más difícil, en grupo y entre desconocidos.
         — Vamos allá — nos dijo — y que no se entere nadie.
Cogió una toalla del montón, soltó los corchetes de la falda, que automáticamente resbalo hasta el suelo, se quito el jersey por la cabeza y siguió con los botones de la blusa. Quedo ante nosotros, yo ya desnudo por completo, en braguitas y sujetador, mirándonos como para que la animásemos. Se despojo de ambas prendas y con los restos de pudor que le quedaban se anudo la toalla a la cintura lista para salir.
Las contemple a mis anchas. Una menuda, con pechos pequeños y caídos, talle de avispa y culillo respingón. Rosa pechugona, compacta y con un prominente trasero. Salimos en procesión. Por delante yo, con la toalla sobre el hombro, Rosa con ella en la mano y Feli, mas decorosa, arrollada a modo de faldita.
El salón, donde nos esperaban, estaba sin duda acondicionado para reuniones como esta. Las paredes recubiertas de piedra, dos de ellas tapizadas por sendas librerías atestadas de libros. Una  chimenea, de diseño moderno, ocupaba el centro de la estancia dando luz y calor. Rodeándola, sofás, sillones y sillas.  En una de las esquinas un gran mueble bar con taburetes y, distribuidas por todos los sitios, mesitas bajas donde colocar las copas y aperitivos.
Israel, Kusa y otra pareja a la que presentaron como Remedios y Alberto, todos desnudos y queriendo parecer o ser, muy hospitalarios, nos esperaban.
         — Faltan Félix y Cristina. Llegaran un poco mas tarde. Tienen que dejar a los niños con su canguro — dijo Kusa —. Serviros lo que queráis. Israel maneja el bar y las bebidas
Pedí mi consabido gin-tónic  y ellas sendas cervezas sin alcohol. Como en cualquier reunión social, casi de entrada los hombres nos situamos alrededor de la barra y las damas junto al fuego.
Ni cuando se completo el grupo se rompió la armonía del encuentro. Eran algo más jóvenes que el resto pero también habían olvidado su ropa en el vestidor.
Casi de inmediato pasamos al comedor. Por aquello del protocolo con los nuevos a mi me situaron entre Feli y Kusa y a Rosa al lado de Israel, con lo mal que le caía.
Fue una cena normal, con la peculiaridad que todos estábamos desnudos aunque pareciese lo contrario.
Feli no dejaba de hablar. Había perdido el pudor inicial y ahora los nervios la habían convertido, de repente, en una persona agradable e imprevisible.
         — Siempre están así — me pregunto —. Creo que Remedios es de mi barrio. Su cara me suena. Al resto no los he visto nunca. Es una suerte.
El tiempo, las cervezas, aunque fuesen sin alcohol y el Ribera de Duero habían roto su miedo inicial y empezaba a relajarse. Es algo que no comprendo pero si lo atestiguo. La gente desnuda, al agruparse, no solo pierde sus inhibiciones sino que tienden a la cercanía física. Las parejas se juntan, se miman, se besan: los simplemente conocidos se reúnen, independientemente del espacio que haya, en ámbitos pequeños consiguiendo que sus cuerpos se rocen, se mantengan en contacto, no de forma eventual sino prolongada, sin que ello produzca extrañeza. Es algo que pasa. Alguien coloca su mano en tu brazo, te toma por la cintura, te da un cachete en el culillo y todo se considera normal.
Feli cayó enseguida en el embrujo nudista. El calor de la chimenea y los Ribera de Duero la convirtieron en una mujer mas cercana, mas intima. Con Rosa, con Remedios, conmigo.
Me cuchicheaba en el oído, pegando completamente su cuerpo al mió, se recostaba en el sofá tumbándose enteramente sobre Rosa, me arrastraba por la cintura para ir a la cocina por más vino. En fin, su pudor murió esa noche naturista.
Una despedida conjunta y una promesa: “Confiemos que el verano sea bueno y lo repetimos en Asturias”, pero una noche como aquella, — al conjuro de las brujas —nunca volvería a repetirse.
Nos fuimos despejando recorriendo el Paseo de Zorrilla, sintiendo el frío seco de la noche castellana. Sin hablar, pensando únicamente en lo que habíamos vivido: Poco o mucho según el prisma empleado en el recuerdo.
La casa estaba fría, nosotros ardiendo.
           — Vámonos todos a la cama, — sugerio Feli—, estaremos mas calientes.
Desnudos nos cobijamos bajo las mantas. No paso nada.  Lentamente fuimos acomodándonos, yo en el centro y ellas cada una a un lado. El trenecillo de los cuerpos, su calor, el vino de Ribera y la noche hicieron el resto. Mi mano cubrió el pecho de Feli, sintió la turgencia de su pezón. Mi pene se desperezó, creció ante los cuidados de Rosa y, hechos una piña de sexo y cariño, nos quedamos dormidos
Así amanecimos y con la nula ropa que nos cubría desayunamos, listos para continuar un nuevo día.

martes, 1 de diciembre de 2015

CARAS VEMOS......

...........Culos no sabemos” como dice un refrán de no se que parte del mundo.
Siempre me fío de las caras. Afortunadamente acierto en una amplia proporción, pero en estos últimos años, no se si por defectos de visión o por la mala transmisión de esta con el cerebro, cada vez afino menos.
Con Yolanda y Marcial, el chasco fue de película, de película mala; sobre todo con ella.
Debería decir que todo estuvo condicionado por la crisis, o mejor con la salida de la misma.
En Asturias el cambio, ruptura, descalabro o falacia, como diría nuestro anterior Presidente, todo menos “crisis”, condiciono la desaparición de la Real Federación Asturiana de Natación y con ello el conjunto de entidades satélites a la misma: Clubes de élite, Masters, Árbitros  así como las ayudas económicas nacionales, autonómicas o provinciales.
Tras las penurias monetarias, los sucesivos cambios y algunos abandonos, este invierno, la Federación Asturiana de Árbitros de Natación se vio obligada a recolectar a cuantos pudiese ya que los Campeonatos Absolutos de Invierno de Natación en Piscina corta de 25 m., se celebraban en Gijón, en las instalaciones del Club Santa Olaya y las estrellas del momento: Mirella Belmonte, Melani Costa y Duana Rocha, entre otras, iban a participar.
A Rosa la llamaron y yo, sufrido asistente de transportes tuve que levantarme, los días de competición, a las seis de la mañana para que cuatro árbitros de Oviedo estuviesen en sus puestos de salida al comienzo de las pruebas.
Así me reencontré con Marcial, también árbitro y como yo, jubilado; bueno, no como dicta la legislación laboral, sino por herencia paterna, mujer funcionaria, sin cargas familiares, una afición cinegética desmedida y un don divino para la escultura.
El Campeonato fue un éxito. El Presidente, flotando en una nube de elogios, acepto  el encargo de controlar los arbitrajes de los Campeonatos Nacionales Juveniles, a celebrarse en A Coruña y los Master de Invierno de nuevo en Santa Olaya. Había, por fin, dinero para dietas, traslados y alojamientos.
Un viaje A Coruña, aunque fuese con dietas bajas y kilometraje modesto, nunca esta mal. Yo puse el choche y Marcial a Yolanda, su mujer. Los cuatro salimos, un viernes por la mañana y durante todo el trayecto me pase escrutando el rostro de la dama en el espejo retrovisor. De estatura media, muy morena, callada hasta lo inimaginable, con jersey gris de cuello alto, pantalones negros y un fular a modo de bufanda, paso todo el recorrido sin decir palabra, bueno, como el, para no desentonar.
Hc.Apartamentos, nuestro acomodo en la capital gallega, lo había elegido, e imagino que con precios especiales, la Federación Nacional. No era como de muchas estrellas pero estaba cerca de La Ciudad Deportiva Riazor, donde se celebraba el evento, al lado del paseo marítimo y muy próximo al centro. Sin duda su mejor baza eran las vistas impresionantes a La Torre de Hércules 
Nos asignaron dos estancias contiguas, con saloncito, mini cocina dormitorio y baño. Los árbitros se disfrazaron de tales, cargaron sus correspondientes mochilas, subimos al coche y partimos a las piscinas. Yolanda se quedo deshaciendo el equipaje y prometiéndonos un baño relajante a nuestra salud.
   José Luis, dijo, llámame cuando regreses y tomamos algo por ahí.
Moverse por una ciudad extraña suele ser, mas que nada, lento. Llevarlos, regresar, lavarme un poco y acercarme a su apartamento me llevo un buen rato.
   Pasa, esta abierto, respondió, enseguida salgo.
Entre y me senté en el sofá. La estancia era idéntica a la nuestra.
No había terminado de fisgonear por el cuarto cuando salio. Si entonces cae un rayo en el salón, difícilmente me hubiese sorprendido tanto. La mujer que hacía menos de dos horas quedo enfundada en rectado jersey, con amplios pantalones y el pelo recogido en una especie de moño, salio, solo cubierta con una bata de baño blanca, sin cinturón ni botones, totalmente abierta por delante y con las manos en los bolsillos.
    —Ya termine, ahora me visto
Lo dijo de pie, frente a mí, dejando ver, cubiertos solo por la tela, los pechos con sus pezones grandes y erectos, sin recato alguno, el ombligo redondo, moreno como el resto del cuerpo, y una enorme mata de pelo púbico, muy negro y frondoso.
Plantada ante mi no mostraba ni pudor ni verguenza, apenas una sonrisa irónica totalmente distinta a la mostrada en el viaje.
    —Te espero en el bar— susurre evitando su cara y sus ojos—
una ginebra bien cargada me vendrá de maravilla.
Llego como si nada, luciendo un vestido similar al del viaje, el rostro serio, nada de sonrisas.
Anduvimos por la Plaza de María Pita, casi sin hablar, bajamos hacia el paseo Marítimo y allí, frente al mar, nos sentamos en una terraza.
   Te parezco rara— me soltó a bocajarro, tras haber pedido yo una ginebra para cada uno
   No, se, tal vez si—respondí sin apenas pensar.
   Ahora voy sin ropa interior, totalmente desnuda por dentro y solo tú lo sabes. ¿Te gusta?
   Me estás poniendo muy nervioso. Me gustaría muchísimo verte pero, cambiemos de tema.
   No seas tonto, de mi no sabes nada y te estas haciendo miles de preguntas.
   En eso tienes razón, ¿Por qué no me lo cuentas?
Se acerco la ginebra a la boca y empezó hablar.
     — Desde hace mucho, tal vez cuando supe que nunca seria madre o al menos eso dice mi psicólogo, pase a tener dos personalidades. Una: profesional, recatada, seria, otra: agresiva, desinhibida, erótica. La primera para mi entorno, la segunda para ese mundo desconocido y manejable que, de vez en cuando nos surge en la vida, como tu ahora.
Volvió a llevarse el Beefeater a los labios y siguió.
   Juego con todo, con todos: el erotismo, la provocación, el beso, la caricia, los jóvenes, los maduros. Cualquier cosa menos sexo, eso, de vez en cuando lo reservo a Marcial, y el lo sabe.
Me miro a los ojos, hundió uno de sus dedos en la copa entremezclo los sabores, bebió otro trago corto, continuo.
   Ya conoces mis reglas, mi bonita forma de pasar por aquello que los clásicos llaman “la erótica del hotel”. Te guste o no yo voy a jugar y tu, o entras o entras en el envite. Voy a por otras copas antes de recoger a los árbitros.
Quede pensando en la oferta, que por supuesto acepte en mi fuero interno, viéndola desnuda bajo su coraza de tela, imaginándola, tolerable, sumisa, agradecida, pero muy lejana.
Cenamos en otra terraza y nos recogimos temprano. El viaje, mas seis horas de arbitraje, generaban cansancio.
Los árbitros y yo desayunamos a las ocho y a las nueve estábamos en las instalaciones deportivas.
     — Sobre las diez pasa a recoger a Yolanda. Podréis daros un paseo — dijo Marcial perdiéndose entre un tropel de nadadores.
Llegue a y cuarto. Me esperaba enfundada en una especie de blusón largo transparente que más que ocultar resaltaba todas las partes de su anatomía.
     —   Pasa, no te quedes ahí. Estas mas asombrado que la camarera que subió el desayuno.
   ¿Te pongo un café?
Me senté viéndola desnuda pavoneándose ante mí. Sonriendo al ver como mis ojos recorrían sus pechos, su culito, su coño enmarañado.
   Cierra la boca y bebe algo, parece que nunca viste a una mujer así.
Creo que tenía razón pero preferí callar y parecer tonto que hablar y certificarlo.
   Después me visto y salimos a recorrer el centro. ¿Podemos ver el Museo de Picasso y la Sala de Exposiciones de Sargadelos? — Por cierto, comento mientras salía, hoy a las cinco he pedido hora en el Spa, segura que te gusta.
Las ciudades norteñas marinas: A Coruña, Gijón, Santander y San Sebastian son encantadoras. Si se les añade la fortuna de tener un día soleado el encanto se convierte en milagro y esa suerte tuvo nuestro paseo. Sus ardores eróticos se amortiguaron y pese a insinuarme varias veces que, como ayer, iba sin ropa interior, el arte del pintor malagueño y las compras de cerámicas nos hicieron olvidar su cruzada sexual.
Como decía mi amigo Pancho “Para comer marisco nada mejor que A Coruña y si lo comes en el Paseo, viendo el mar, es como estar en el cielo”.
Fue ella, al despedirnos, quien me lo recordó
   No te olvides de la sauna. Te recojo.

 En consonancia con el hotel, el recinto era pequeño: Un jacuzzi, una sauna finlandesa y otra húmeda, todo dispuesto en dos niveles y profusamente adornado de velitas, toallas, bebidas frías.
     —Somos la pareja del apartamento 7, hicimos una reserva para las cinco — dijo Yolanda cogiendo dos toallas y arrastrándome a un vestuario, en principio mixto.
   No te dará vergüenza que nos cambiemos juntos, verdad.
Casi lloraba porque me lo pidiera. Entre tras ella y la deje hacer. Con parsimonia, con una lentitud intencionada, como si efectuase un strip-tease exclusivo para mi, fue despojándose de la ropa: playeras, calcetines, falda, blusa, sujetador, braguita, quedo totalmente desnuda. A estas alturas de la misa yo ya estaba en traje de baño, sentado en un taburete y contemplando el espectáculo.
   Que te parezco, ¿No estas un poquito cachondo?
Saco una especie de mimi-bikini, o sea una braguita con hilo dental que apenas le cubría su mata de pelo púbico y un sujetador que mas que tapar resaltaba sus tetas, tanto es así que ambos pezones estaban al aire, se los acomodo, me tomo de la mano y me arrastro al jacuzzi.
Un microsegundo fue lo que transcurrió entre  introducirse en el agua y quitarse el escueto bikini.
   Mejor desnudos, dame el tuyo.
   Como quieras, yo lo prefiero.
A partir de ahí el tiempo de detuvo. El sexo y el placer  empezaron a campar a sus anchas en aquel torbellino de aguas cálidas y burbujeantes.
Nuestras pieles desnudas se fueron atrayendo; el agua, lentamente, desapareció de entre los dos pasando ser un solo cuerpo que se estrujaba, fundía, entrelazaba. Lo que ayer dijo se hizo carne: todo menos sexo, pero ese todo lo era en el mas amplio sentido de la palabra. Manos, labios, lenguas buscaban tocar, sentir, degustar. Su mata de pelo púbico se convirtió en una esponja entre mis dedos que lentamente la entreabrían en busca de una vagina cada vez más húmeda, y no de agua. Mi pene rugía de placer, nuestros labios se volvieron carnívoros y nada nos detuvo hasta que un violento espasmo nos convulsiono.
El agua se hizo cama y allí descansamos, vivimos una realidad extraña e imposible.
La vuelta, como la ida, fue callada. Todos pensábamos en algo que nunca diríamos, por prudencia, ignorancia, respeto.
   Hasta marzo, dijo Marcial al bajar del coche.
   Eso, contesto Yolanda, os invitaremos a que conozcáis la casa,  puede, —me dijo por lo bajini— que allí “la erótica del hotel se torne en erótica del poder”.
 Me beso la mejilla y se perdió en el portal.

lunes, 13 de julio de 2015

UNA LLAMADA INOPORTUNA.................O NO

Hace años hice un curso de masaje. Seguro que quien durante mucho tiempo me sirvió y le serví de paciente, se habrá olvidado, no solo del mismo sino de las practicas que hicimos en común y, sobre todo, de este lance, en el que una mañana soleada de Mayo, mi inconciencia, su curiosidad y nuestro deseo, puso fin a las mismas. Sin duda para no caer en errores mayores.
Se llama, digamos que María, aunque en las redes sociales utiliza seudónimos de lo mas intrigantes. En el 90 % de los casos, hace que no sepa quien me escribe ni a quien respondo. Pues bien ambos finalizamos el ya mencionado curso. Ella puso un gabinete quiropráctico al que yo, mas por vicio que por necesidad, me acercaba, una vez a la semana con la excusa de utilizar su cuerpo para no olvidar las técnicas adquiridas. Le daba un masaje y ella a mí otro. Luego unos vinos y hasta la próxima cita. De lo más normalito.
Cualquiera de nuestros amigos, o todos, estaban convencidos que tras el masaje había algo mas, que aquello era una cortina de humo para enmascarar un acercamiento sexual deseado, querido y no consentido. Mentalmente tenían razón, en la realidad no. Haciendo memoria, ya difícil a mi edad, solo recuerdo dos situaciones, bueno tres con la de la llamada, en las que mi libido casi me juega una mala pasada. 
La primera, una luminosa mañana de primavera. Nos reunimos muy temprano. Inicie la sesión. Ella se desnudo por completo, a excepción de la braguita, se tumbo boca abajo, acoplo la toalla a su espalda y, en vez de quedarse quietecita, como de costumbre, levanto el torso con un estiramiento de brazos y no se que absurda pregunta me hizo. El resultado fue que sus tetitas aparecieron libres, apetecibles y juguetonas, ofreciéndose, no solo a mis ojos también a mis manos como pidiéndome que las acogieran. Entre la visión de sus pechos y el olor a limpio que despedía, mi mente se extravío y tuve que recurrir a un esfuerzo tremendo de concentración  para no entrar en otros vericuetos ajenos al masaje.
La segunda, otra mañana muy parecida en todo a la anterior. Los preliminares idénticos salvo que en esta ocasión el masaje trascurría sin problemas ni sobresaltos. La espalda, las piernas. Vuelta de frente y, entonces el móvil sonó en la mesa de la entrada
Tal como estaba, medio desnuda, se levanto, hablo con su hermana y regreso a la camilla. Se acostó, medio cubrió con la sabanilla y susurro u
   Sigue
El cuello, los hombros, las clavículas, los brazos, pensé saltarme al estomago cuando ella, con la mejor intención, se bajo la sábana hasta la cintura mientras comentaba
—No te preocupes si me tocas el pecho, no me molesta.
A ella no a mi si. Lo hice de la forma más profesional posible evitando los pezones y centrándome en el entorno. Fui rápido sin pensar ni mirar. Forcé el ritmo y acabe. Otra vez la tentación había sucumbido a la profesionalidad.
Mi perdición siguió los pasos del refrán: “A la tercera va la vencida”. Hacia tiempo que la rutina semanal de los masajes se había perdido. Yo cambie de casa y ella se absorbió con los estudios, viajes o novios de su hija. Un día me llamo para contarme que el gabinete se cerraba por motivos económicos, que su ciática cada vez le dolía más  y que si podía darle un masajito.
Dije que si. Yo no lo necesitaba pero por una amiga se hace cualquier cosa.      
Todo estaba igual: la camilla, las alfombrillas, la pila de toallas y sábanas coberteras, la mesita con los frascos de aceites, la música. Sin mediar palabra se despojo de la ropa, quedándose  con una tanga semitransparente y se tumbo. Le tape pudorosamente las piernas con una de las toallas e inicie el masaje: Aceite, cintura, flancos, cuello, omoplatos, columna. Primero fuerte luego suave, golpeteos, presiones, al final una serie de caricias sobre la columna que terminan justo en la raja del culo, a esta ultima acción, pese a no estar incluidas en ningún manual, nunca nadie se negó.
 Subí la toalla, para protegerle su espalda, y deje al descubierto glúteos y piernas. Primero pies, gemelos y muslos vaciándolos con presiones, luego glúteos y cintura. Lo que son las cosas. Puede que por la transparencia de la braguita, porque para presionar los agujeros del sacro la había bajado en exceso o por mi anómala curiosidad, la pequita que coronaba su glúteo derecho, justo cuando este se une al izquierdo, se me hizo de repente visible. Muchas veces había fantaseado con la misma suponiendo que ni su propietaria conocía tal existencia y que únicamente algún amante delicado o muy observador tendría conocimiento de lunar. Fueron preguntas fugaces y no comentadas. Hoy, sin motivo aparente, aquella anomalía me atraía más que en otras ocasiones. Lo deje y descendí hasta los pies.
Un profesor explico en clase que en su planta se refleja toda la anatomía del cuerpo: cabeza, columna, órganos internos y que sabiéndolo hacer, con solo masajear esa zona se puede aliviar cualquier dolencia corporal. No era mi caso. Lo único que hacía era mejorar su circulación. En eso estaba cuando sonó el teléfono. Se hallaba en la mesita auxiliar, justo junto a la cabeza. Lo descolgó sobre la marcha.
   Sigue, no hay problema — me dijo
   ………….
   Estoy ocupada
   ………….
   Me están dando un masaje
   ………….
   Si, José Luis
   ………….
   No del todo, llevo una braga.
   ………..
   Si dices otra tontería me la quito y tan tranquila.
   ………..
   No, no se entera, esta a lo suyo.
Tenía su pierna doblada y a duras penas intentaba vaciarle los gemelos.
   Me ha visto así muchas veces.
   ……….
   Tal vez
   ………
   Ni pienses que lo haga.
   ………
   Que no, que no quiero.
   ………
   No te empeñes.
   ………
Su pie estaba frente a mí y, en un alarde de osadía, metí el dedo gordo en mi boca. Ni se movió ni lo aparto.
   Te estas poniendo muy pesado
   ……..
   Sigues así y lo hago.
Ya no era uno. Otro, otro y otro entraban en mí mientras las manos recorrían sus piernas, subían por los muslos y bordeaban el cintillo de la tanga
   Si vas por ese camino cuelgo.
   ……..
   Te llamo mas tarde.
Dejo el auricular y siguió tumbada. Fue como si las compuertas, hasta ahora cerradas, de nuestra intimidad, se hubiesen abierto. Seguí acariciándole el culito, llegue hasta el lunar prohibido, lo lamí, mordisquee; le di la vuelta, la toalla cayo quedando para siempre en el suelo. Cerró los ojos, me dejo hacer.
Perdí el rumbo, naufrague entre sus pechos, los bese, chupe, acaricie. Busque el ombligo, su incipiente barriguita. No hizo nada, no protesto. Lo queríamos todo. Fui bajando recorriéndola con la lengua. Tenía el pelo púbico recortado, enmarcando de negro la vagina. Nunca llegue a más.
   No — oí de lejos.
Lo deje todo. Cogí una sabana limpia, la cubrí y durante los siguientes diez minutos me pase acariciando su cuero cabelludo, entretejiendo su pelo con mis dedos.
Se levanto, fue al cuarto de baño y regreso perfectamente vestida. Arreglamos el gabinete, bajamos a tomar un café y hasta hoy no he vuelto a verla.
Fue hermoso mientras duro. Para mi inimaginable, para el desconocido que llamo, una fantasía erótica y para ella algo que, de verdad, nunca pensó que pasaría.

sábado, 11 de julio de 2015

LA FUENTE DE JADE. UN MASAJE TANTRICO PARA PAREJAS.

Jamás me habían dado un masaje tántrico y mucho menos en pareja. La verdad es que desconocía la técnica. En alguno de mis cursos supe del californiano, del sueco o del tailandés, pero de este no tenía ni idea.
Desde hace años, y por aprovechar el descuento que nos proporciona el carnet de la Federación Española de Naturismo, al llegar a la capital solemos ir alguno de los Spa´s nudistas apalabrados por la FEN. En esta ocasión y sin saber a ciencia cierta el porqué: Falta de seguimiento, dejadez, cierre da algunos locales o simplemente el tórrido verano, la totalidad estaban cerrados sin que en la página Web de la Federación se comunicase tal hecho ni se diesen opciones alternativas.
A mal tiempo buena cara. Con ánimo de ampliar las posibilidades lúdicas de la capital, su nueva alcaldesa, estaba llevando las Fiestas del Orgullo Gay hasta límites insospechados. No solo Chueca, Malasaña y los barrios que los entrelazan, sino La Castellana, Atocha, La Fuente de Neptuno y toda la zona centro, eran un hervidero de banderas arcoíris y un constante escaparate, de lo mas chungo, de quienes desnudos y/o pintados de colorines, celebraban su fiesta, antigua pero reactualizada por la recién nombrada, democráticamente, nueva regidora de la Villa y Corte, ¿será también del gremio?, comentaba un astuto bloguista en su página de “Chismorreos de Madrid y sus nuevos mandatarios”.
Lo más próximo a casa es Malasaña. Como viejo noctambulo aun recuerdo su época gloriosa, en tiempos de Tierno Galván. El nacer y morir de cientos de chiringuitos, las tertulias callejeras, la movida; mas tarde su progresivo deterioro, las ventas callejeras de droga, las redadas policiales. A partir del 2.000 con la llegada de nuevos profesionales, sobre todo arquitectos que remodelaron las casas y plazas, el barrio se transformo. Hoy regresaba. Tapizado de banderas con cientos de personas moviéndose de bar en bar  y otras tantas en mesas que ocupaban todo el ancho de las aceras se asemejaba a lo que antes fue. Tomamos vinos, pichos, tapas y vimos atardecer con una ginebra con tónica, servida en copa de balón, con mucho hielo y una rajita de limón. El día murió y se transformo por encanto. Miles de luces, letreros luminosos y escaparates repletos de luz alumbraron la zona. Dimos una vuelta a la Plaza del Dos de Mayo y justo en la confluencia de las calles San Andrés y Valverde un luminoso con arraigos orientales nos llamo la atención.
“La Fuente de Jade”. Sauna Japonesa Selecta, se anunciaba el local mediante cientos de lucecitas  parpadeando en la noche.
Entramos, únicamente para conocerlo. Una viejecita, sin duda asiática, nos recibió con un: 
   Pasen señores, ahora les enseñamos los servicios.
No se de donde surgió una señorita, envuelta en un sari colorista, que, apartando una cortina, nos introdujo, a través de un puentecito de bambú  que penetraba en la estancia, a la Sauna Japonesa.
Sobre la izquierda una gran pileta, con un metro de profundidad de cuyo fondo surgían chorritos de aire que explotaban al llegar a la superficie. En su parte mas alejada una pareja se bañaba en aquel líquido cálido y burbujeante. Del centro de la pasarela dos rampas descendían al Spa.
El puente terminaba en un amplio recinto amueblado con sillones ortopédicos propios de un área de descanso.
A la derecha una serie de puertas tras las cuales, según nos informo nuestra guía, estaban las estancias para masajes.
Todo iluminado por velas, lámparas indirectas y figuras orientales. El suelo cubierto por almohadones y alfombras. De fondo, música oriental y el continuo murmullo del agua.
La misma viejita que nos animo a entrar nos despidió con un:
   Espero que nos veamos pronto. Los miércoles hay una oferta especial de masaje tántrico para parejas.
Como no, regresamos el miércoles.
La misma guía que el día anterior hizo de cicerone, nos entrego toallas, chanclas, una botellita de agua y dirigiéndonos hacia los vestuarios. Estaba claro que el baño era para estar en el totalmente desnudos y las toallas para cubrirse a la hora de salir. Así lo hicimos. Junto a la piscina nos despojamos de las toallas y como vinimos al mundo nos sentamos sobre el fondo. No estábamos solo. Tres parejas mas, distribuidas anárquicamente, nos hicieron un pequeño saludo de cabeza y continuaron a lo suyo. También nosotros nos relajamos.
Pasada media hora de baño comunal una nueva señorita nos aviso que la sala de masaje estaba preparada. Podíamos subir cuando quisiéramos. Salimos hacia una de las estancias.
Muy amplia, con casi todo el suelo cubierto por un tatami. En la parte central dos sabanas indicaban donde debíamos acostarnos. Al fondo y en el techo dos inmensos espejos, en la entrada una mesita con aceites y un perchero para colocar la ropa. Tras la puerta y sobre madera quemada una apología al masaje tántrico   

“El masaje tántrico, lingam y yoni, reactiva la energía del cuerpo y aumenta el apetito sexual. Además permite conocer nuevas zonas erógenas y romper fronteras en la pareja, creando fuertes vínculos afectivos. Los masajes eróticos ayudan a disfrutar del sexo, a relajar el cuerpo y la mente y a mantener el control sobre uno mismo.”

Música oriental, iluminación muy tenue a base de velas, varios palitos de sándalo humeando.
Dejamos las toallas y nos tumbamos boca abajo sobre las sabanas. Rosa al fondo, junto al espejo vertical y yo próximo a la puerta.
            
Casi de inmediato un chico y una chica, cubiertos por sendos pareos, entraron, nos saludaron, se despojaron de los mismos, tomaron unos cuencos con aceite caliente y se situaron a nuestros pies.

Rosa

De lo más exótico, veremos si me sorprende el masajista. Como estoy con José Luis dejare que haga lo que quiera, él o yo. 
Empieza por los pies, cosa rara. De entrada me abre las piernas y me cubre de aceite desde los dedos a los glúteos. No lo veo. De rodillas, entre mis piernas, sus manos suben por los tobillos, las piernas, los muslos. Desde allí una desciende hacia las ingles y otra rodea mi culo para, desde allí, volver a descender. Repite, repite y repite la acción y cada vez sus dedos se acercan mas a mi coñito, cada subida los labios se sienten acariciados y en cada movimiento mi sexualidad crece, humedeciéndome, perdiendo cualquier tipo de inhibición. No es que me roce, ahora sus dedos se pasean por mi vagina, la frotan, la excitan, no la abandonan, están empapados de líquidos. Yo, más y más caliente.
 Se arrodilla a mi derecha. Ahora el masaje es de los glúteos a los omóplatos. Amasa la carne, la pellizca, la enrolla. Instintivamente percibo sus rodillas que, una y otra vez, tropiezan en mi mano. Esta desnudo, como yo. En un mal pensamiento imagino que si la muevo hacia arriba tropezara con su pene. Nada me detiene. La elevo y sin apenas esfuerzo su sexo se encuentra con ella. Está flácido. No importa. Lo envuelvo con fuerza y al igual que el conmigo, lo masajeo. Se deja hacer. Cada uno a lo nuestro. Empieza a tomar vida a endurecerse a palpitar. Estoy loca, cualquier cosa que pase, me hagan o le haga será por decisión propia.
      — Por favor, dese la vuelta. El embrujo, momentáneamente, se rompe.

José Luis

A ver que en que consiste el masaje tántrico. De entrada la chinita empieza por los pies. El aceite esta tibio, muy agradable. No es brusca, ni potente, mas que friccionar acaricia. Sus manitas suben hasta la cintura y descienden a la planta de los pies. Los dedos, a modo de hormigas, bajan, a veces, por las ingles rozándome los testículos, como sin quererlos tocar, luego ascienden recorriendo la raja del culo a modo de plumas. Es agradable, no, excitante.
Noto como se mueve sobre mí. No son las manos, son los antebrazos y las piernas quienes masajean la espalda. Nunca había sentido tal sensación. Se sienta sobre mi trasero. Me relaja y se relaja. Desde allí se vuelca hacia los hombros, las dorsales. Su piel sobre la mía y de nuevo los dedos haciendo travesuras en la columna, entre las vértebras. No solo eso, sus tetitas  resbalan por la espalda, los pezones se endurecen contra mi piel y nuestros cuerpos aparecen abrazados, frotándose lascivamente uno contra el otro. Lamento no poder usar las manos, llevar la iniciativa, estoy bocabajo, ella tiene las riendas, domina el “tempo” del masaje.
— Por favor,— la oigo decir, mientras se despega de mí, —dese la vuelta—.

Rosa

Tumbada boca arriba ofrezco mis encantos a sus deseos. De rodillas, junto a mi mano izquierda, en este momento abierta y ansiosa, empieza a cubrirme de aceite: los pechos, el estomago, el sexo, las piernas. Solo distribuye el líquido lubrificante. Al final ambas manos me bordean los senos, los amasa, me pellizca los pezones. Siento un cosquilleo entre las piernas, un deseo ardiente de hacer algo, de cooperar. Le tomo de nuevo el sexo y mientras el pasa de los pechos al estomago y de ahí a la vagina, yo le masturbo, le froto, le acaricio. Cada vez esta más dura, más consistente.
No se cuando introduce sus dedos en la vagina, pero allí están, para darme placer, para hacer que me corra una y otra vez. El no. Mantiene la erección. Me levanta. Me sienta frente a el. Me abraza dejando que juegue y juegue con su polla.

José Luis
Me volteo y la observo sentada sobre mí, brillante de aceite, pequeña, manejable. Instintivamente le rodeo los pechos, los masajeo, los chupo. Se desliza y me arrastra hasta sentarme frente a ella.
La excito, me excita. Nada esta prohibido. Su coñito, rasurado como el culo de un bebe, es el camino ideal para mis dedos, es la  entrada a su “Fuente de Jade” al “Jardín de las Delicias”.  El tiempo se detiene y nuestra excitación aumenta. Crece hasta llegar a mi orgasmo, explosivo, con el que riego sus manos.
Caemos sobre el tatami. A nuestro lado Rosa y el masajista descansan de su tantra particular.
El ambiente se envuelve en una omsica binaural que nos relaja, nos transporta a espacios desconocidos, sexuales, en donde todo esta permitido y el sexo complementa al hombre y a la mujer.
   Hay una ducha al fondo— dice la chinita, —los esperamos en la zona de Spa—.
Los cuatro, desnudos sobre el suelo de la pileta, sentimos el burbujeo del agua y nos relajamos al máximo.
   Algún día volveremos. Somos de Asturias y de vez en cuando viajamos a Madrid. Fue una experiencia maravillosa, sin duda no será la única—.

lunes, 20 de abril de 2015

FUTBOL, MUJERES Y POLITICA

Pienso que debió ganar el Atlético —oí al entrar en Monte Naranco, bar al que bajo todos los días a tomar uno o dos vinos antes de comer.
Acodado al final de la barra, compagino las noticias “rosa” de TV, con los comentarios deportivos y políticos, siempre actualizados, de cinco o seis asiduos contertulios que, como yo, esperan entre copas la hora del almuerzo.
Hoy, de entrada, toca futbol. Julián, jubilado de HUNOSA, no estaba de acuerdo.
—Si no hubiese sido por Oblak habríamos metido tres goles en la primera parte.
—Menos lobos —le respondía Eugenio, forofo del Gijón y por tanto defensor del Barcelona y el Atlético—. Y el codazo a Mandzukic, de expulsión directa, y la entrada al “Niño” Torres, penalti clarísimo. El árbitro estaba comprado, debía clasificarse el Madrid, son cosas del Gobierno.
Oblak
Felipe, tercero de los jubilados, más proclive al ciclismo y defensor a muerte de Samuel Sánchez, apenas si hablaba. Termino su cosechero y pidió otro.
—No seáis plastas, dentro de quince días sabremos el resultado; fíjate que si al final, como el año pasado, resulta que el eliminado es el Real, entonces le pasó lo mismo al Barcelona.
La conversación, con sus altibajos emocionales, el As y el Marca sobre el mostrador para dar constancia de los hechos y una nueva ronda de cosecheros ante cada uno, por momentos desaparecía y de inmediato volvía a tomar calor.
—Y el entradón de Sergio Ramos a Raúl García.
—Falta de preparación física.
—Mala leche, diría yo
—Pues el de negro tampoco pitó nada.
—Sí, que le sacase tarjeta y no pudiese jugar el partido de vuelta. ¿A eso le llamas justicia?
—Son todos unos pringados.
A mi espalda y bastante baja, la TV seguía con su rollo cotidiano. Inés Ballester con sus tertulianas de “Amigas y conocidas” comentaban las curiosidades nacionales e internacionales del día; sin decantarse por ninguna ni por nadie, casi como yo en mi blog “La prensa canallesca de la mañana” en el que, como escribo en el subtitulo, “Leo lo que otros escriben, copio lo mas divertido y así paso la mañana”, trabajo habitual de los prejubilados que se precien, eso y tomar vinos. Nadie sabía de qué hablaban pero al pie de la imagen y con gruesos caracteres se leía,  “Una alemana de sesenta y cinco años, que ya es madre de trece hijos, se queda embarazada, por fecundación artificial, de cuatrillizos”.
 Annegret Raunigk
— Cris, sube la tele —oí gritar a Felipe—, eso me interesa.
Todos callamos.
—Menuda chorva, debe estar loca.
—O ser una cabrona, matizó Julián, los pobres niños, si llegan a los quince años, lo más probable es que sean huérfanos de madre y del padre ni te cuento.
—Para que luego hablen de la sanidad española —gritaba el partidario del Atlético y de la ley del aborto—. Aquí no se hubiese permitido.
—Ni allí tampoco —tercio un listillo del fondo—. Se lo hicieron en Inglaterra. La Merkel lo tiene prohibido.
—Así y todo sigue siendo una putada para los niños.
Cris, única fémina del grupo se unió a los contertulios.
—Yo a mi edad, casi la mitad que ella, lo paso fatal para cuidar al mío, y eso que están por medio mi suegra y mi madre, que no sabéis lo que ayudan—. Los rapaces tampoco tendrán abuelos, remacho Cris.
Era un cruce de ideas sabroso. Desde mi punto de vista todos tenían razón. Sin duda, la señora Raunigk y el equipo médico que la atendió pensaban mas en el tumulto internacional que el experimento traería consigo, que en los niños fruto del mismo.
—Toda la culpa la tienen Podemos y Ciudadanos —reflexionó Eugenio—. Si no nos tocan las pensiones podremos estar contentos. Mucha “Marcha blanca de la sanidad”, mucho llenarse la boca de que cuando ganen todo lo pagaran los ricos, pero nadie dice de dónde sacarán los euros para financiar ese todo. Que el dinero no llueve del cielo.
—Como mucho el maná. —De nuevo el intruso del fondo.
—No te quemes, hombre, peores momentos pasamos en el 60-61 con las huelgas mineras y Franco fondeado frente a Gijón en el Azor. Yo era un chaval —decía Julián—, y aun recuerdo las cargas de los “grises” por Mieres. Pon los últimos, Cris.
Pedí otro y esperé. En menos de una hora gresca deportiva, razonamientos sociales y análisis políticos. Hubo sangre que no llego al río, se defendieron verdades como puños y cada uno de los asistentes termino su “trago” antes de irse a comer.
Los vi despedirse con un “Hasta mañana” generalizado, sin acordarse del empate del Atlético, lo mas importante de la noche anterior, pero pensando ya en el Barcelona - PSG. En él todos serían del Barsa, que perdieran los franceses, para soñar que, de nuevo la semifinal fuese entre dos equipos españoles.
Me quedé con la idea de haber intervenido. Los conocía de vista, eran casi de mi edad y por lo oído pensábamos lo mismo.
¿Qué hubiesen dicho del tatuaje de Cristina Cifuentes justo por encima de la rabadilla?, ¿o la afortunada intervención de Albert Rivera a favor de legalizar la prostitución? Sin duda pondrían a parir a Rato, por la colocación de su dinero en paraísos fiscales fuera de España, como en su día lo hicieron con Álvarez Cascos por picaflor. Con este último se hubiesen explayado más ya que sigue aquí comandando un partido del que solo se escuchan líos y líos.

Cristina Cifuentes
Los del aperitivo de la una habían desaparecido y las mesas se habían llenado de comensales. La barra estaba vacía y en TV los diferentes telediarios daban al local una música monótona y repetitiva. Sin duda por eso ya sé por qué la sección “El tiempo” es lo mas vista de los mismos, es la única que cambia, en este país, por mucho que Pablo Iglesias nos intente hacer creer lo contrario.