sábado, 14 de marzo de 2015

EL GORRILLA

Ahmed, el gorrilla, es nuestro guarda coches particular. Apenas si recuerdo cuando aprecio por el barrio y hasta que un buen día mi hijo Roberto nos pidió algo de ropa para entregársela, nada sabía de su existencia. Era de algún lugar de la franja subsahariana, huérfano, con una hermana en suiza y un físico de corredor maratoniano.  Muy alto, delgado, de piel cetrina siempre con una gorra de béisbol, de ahí su apodo. Aparecía sobre las 8 de la mañana y hasta el anochecer recorría las aceras buscando aparcamientos, ordenando el tráfico, cobrando por ello alguna propinilla, ayudando a los niños a cruzar la calle, socorriendo a las amas de casa supercargazas, en fin, haciendo pequeñas obras de caridad. Al principio paso desapercibido, con el tiempo se convirtió en algo intrínsico del barrio, como el supermercado, el buzón de correos, los parquímetros.
Un mal día el gorrilla desapareció. Me lo dijo Roberto. Lleva dos días sin vérsele,deberíamos avisar a la policía.
Fue ella quien nos informó. Sin una denuncia concreta, sin algún problema específico, el gorrilla estaba en las dependencias policiales acusado de algo inconcreto por alguien desconocido.
Todos lo sentimos y nos preguntamos los motivos de tan extraña decisión.
Un hombre mata de un puñetazo a otro por grabar a su hija en local en Cádiz. Leí la noticia y la recorté para mí archivo, ese blog anónimo que nadie lee y yo recolecto: La prensa canallesca de la mañana.
La Guardia Civil detuvo a un ciudadano británico como presunto autor de la muerte de otro, alemán, por haber grabado a su hija en una tableta digital en la urbanización de Sotogrande en San Roque. El pobre inglés lo tenía todo a favor: defendió a su hija pequeña, atacó a un pedófilo que, sin su autorización, la estaba grabando, Dios sabe con qué intenciones, y tuvo la mala fortuna de que del golpe, el agresor murió. El alemán, reincidente, acababa de salir de prisión por orden judicial, ¿qué pensaría ahora el juez de habérsela dado?, la tableta era robada y en ella aparecía una amplia y continuada grabación de la niña a lo largo de todo el día.
El inglés, como nuestro amigo el gorrilla, paso la noche entre rejas a la espera de una disposición judicial, sin duda de acuerdo con la ley, pero incomprensible para el hombre de la calle.
Leo la prensa de atrás hacia delante: el tiempo, la primitiva, los deportes, sucesos, noticias internacionales, nacionales y locales, por ello, cuando llego a las páginas de la "corrupción generalizada”, o bien estoy relajado, pues el Atlético ganó, o pienso que su racha exitosa acaba de fenecer, razón por la cual siempre afloran en mi mente ideas malignas. La trama Gurtel, los Ere de Andalucía, las tarjetas negras de Bankia, el caso Bárcenas, el de los Pujol, la Infanta Cristina y Urdangarín o, por último, pero no el último, la Operación Púnica, y todos en la calle, algunos hasta han pedido unos días de asueto para poder ir de vacaciones. No obstante el gorrilla y el inglés entre rejas.
Qué peculiar es la justicia con el pobre y qué justa con el rico, el poderoso o el influyente.
En la calle todos gritan contra la corrupción y todos deberían saber que este mal es endémico a la naturaleza humana y que ya hace muchos años Maquiavelo escribió: "El poder corrompe y, el poder absoluto, corrompe absolutamente”, hecho que hoy está de moda y que seguirá estándolo gobierne quien gobierne. "El cielo”, como decía mi abuela, "no es de este mundo”.
- Papá, papá, Ahmed ya está en la calle, dijo Roberto gritando.
- Ya lo sé, acabo de dejarle las llaves para que me aparque el coche. Lávate las manos que hay que comer.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LA NEVADA

 —Ya no me quieres.
No era una pregunta, ni una afirmación, ni la constatación de un hecho. Era una petición
Cuando mi santa esposa me sorprende con algo parecido es que quiere algo.
—He visto en Grupalia una oferta buenísima para pasar tres días en Taramundi. ¿No te apetecería? De cualquier forma ya la he pedido. Si quieres la anulas, pero podríamos celebrar allí San Valentín y…
Maldad femenina. A estas alturas de la misa quién se atreve a cambiar un viaje romántico al occidente asturiano por un bolsito, una cena o un ramo de flores.
Hice de tripas corazón, anulé mis inexistentes compromisos y desoyendo las previsiones de todos los hombres del tiempo salimos, un nuboso día de Febrero, hacía el reino de las navajas.
Antes de inaugurarse la Autovía del Cantábrico el viaje hubiese sido de locos, hoy no. Es molesto por el tráfico y la lluvia pero nada que no aguantase este viejo jubilado.
Desayunamos en el puerto pesquero de Tapia de Casariego, si por mí hubiese sido allí nos habríamos quedado: buenos hoteles, excelentes vistas, chigres  marineros con todo tipo de marisco, una delicia; pero no había que ir a Taramundi, ya lo habíamos pagado.
La Rectoral fue un excelente hotel en las años ochenta edificado sobre las ruinas de una vieja casona del siglo XVIII y conocido entonces como la “Posada del PSOE” por ser este partido quien lo promocionó con la impagable propaganda de “El País” en sus páginas gastronómicas, subiéndolo a lo más alto del ranking nacional.
Seguía  como antes. La Rectoral mantenía su cartel rustico de madera a la entrada  y, en conjunto, daba la impresión de que los años no habían pasado por ella. Muy pocos huéspedes, sin ser fatalista éramos los únicos. Habitación superior con terracita cubierta y vistas a la montaña, conexión hi-fi, excelente calefacción y cama matrimonial con almohada adicional, como pedimos al hacer la reserva. Era retroceder diez años en el tiempo. Pero no, algo estaba de más. En lugar del viejo gimnasio y ocupando su vieja situación, un hermoso spa con piscina hidrotermal, jacuzzi, saunas y área de relax nos ofrecía un aliciente antaño desconocido; algo nuevo para un viejo San Valentín.
Muy abrigados nos acercamos a la quesería, luego a saludar al más veterano de los artesanos locales en la elaboración de las famosas navalles de Taramundi, Díaz y Bermúdez, y comprar algunas de sus piezas, al final el frío nos condujo al hotel.  Pasamos la tarde al confortable calor del Spa, cómo no, solos,  perdidos en la inmensidad de la pileta.
San Valentín amaneció soleado, aburrido. Ni al amor o el sexo podían eliminar el cielo gris, el aguanieve que empezaba a cubrir las calles, el viento glacial del norte. Los generosos vinos, el queso o el chorizo tampoco ayudaron.
—Hoy tienen compañía  —dijo  la recepcionista del Spa cuando nos vio llegar.
Desde el vestuario vimos dos cabezas, hombre y mujer, sobresaliendo del agua.
—Mira, están completamente desnudos —dijo de repente Rosa con un grito entre exclamación y sorpresa. Salieron del agua y en pelotilla picada, entraron en la sauna.
— Qué hacemos —pregunto de nuevo.
—Lo que ellos —contesté despojándome del bañador. Hizo lo mismo y, como vinimos al mundo, entramos en el Spa.
Estábamos solos, pero no; totalmente desnudos y sumergidos en las burbujeantes aguas del jacuzzi vimos cómo salían de la finlandesa y, sin ningún pudor, nos acompañaban en el baño.
Loyda y Arkin eran noruegos, bueno, ella no, llegó al país, desde Costa Rica, en un intercambio de estudiantes y allí se quedó. Trabajaba como intérprete para refugiados políticos y, lógicamente, su castellano era correctísimo. Él, funcionario, llevaba las oficinas del COI noruego en su ciudad natal, Lillehammer, a ciento ochenta kilómetros al norte de Oslo, donde se celebraron las Olimpiadas de Invierno de 1994, y solo chapurreaba, muy bien, nuestro idioma.
Su vivienda y la casa de campo donde iban en verano sobre los fiordos de Bergen poseían sauna comunitaria y lo de convivir desnudos era para ellos de lo más normal. Pasé la tarde contemplando las dos mujeres que, a sus anchas, se pavoneaban por el Spa. Los pechos, amplios y algo caídos, de la española contra los dos pequeños limones de la tica, los glúteos robustos de ambas y su desparpajo entrando y saliendo de los chorros de agua. Como fin de fiesta de San Valentín no había estado mal, nada  mal.
Desayunamos juntos y nos despedimos. Ellos hacía Lugo, nosotros a Oviedo. El agua nieve que caía en Taramundi nos acompañó por el valle, cambiándose a nieve según ascendíamos la Sierra de Ouroso, de 1033 metros. En la cima la nevada era espectacular. Afortunadamente un camión quitanieves esperaba algún incauto, como nosotros, para acompañarlo en el descenso. La bajada fue dantesca, el coche, más que  rodar se deslizaba, cada poco nos salíamos de la rodada y terminábamos en el arcén, la visibilidad nula. Rosa hecha un mar de lágrimas rezando a todos los santos para que aquello acabase, jurando que el próximo San Valentín solo en el Caribe o en casa. Por fin llegamos a la confluencia con la autovía Vegadeo-Oviedo y la nieve, por encanto, desapareció.
En Tapia paramos a comer. Unos tentáculos de pulpo a la plancha con aguacate, ventresca y vinagreta de lima de entrada y fritos de pixín con tres salsas del Cantábrico sirvieron para hacernos olvidar la nieve, el frío y la conducción. Es raro, decía el hombre del tiempo en televisión,  después de tener el año más seco del siglo, ahora tenemos la nevada mayor, sin duda, pensé yo, por aquello tan manido del cambio climático.
En el sofá, con una ginebra, muy cargada, con abundante hielo y una rajita de limón, recuerdo lo pasado, sobre todo aquella tarde en la sauna con la pareja noruega, y el descenso hacía el infierno de la Sierra de Ouroso. Sin duda, como comenta el periódico, un ramillete de gardenias blancas, de exquisito aroma y profundo simbolismo, un será mejor regalo por San Valentín, el año próximo, que un viaje al más allá, a Taramundi.

martes, 18 de marzo de 2014

REALIDADES DE LA TERCERA EDAD

En el mes de junio próximo llego a cumplir 69 años de existencia, e inicio mi año número 70, bastante bien –digo yo- a pesar de las manifestaciones de desgaste físico propias de un cuerpo que se deteriora sistemáticamente con el transcurrir de los años, y del desgaste mental propio de los viejos: pérdida de memoria inmediata, quedarse durmiendo largas siestas, repetir los mismos temas varias veces a una audiencia cada vez menos paciente, y ser medio majadero con las pequeñas rutinas diarias.
Lo que no reconocen la mayoría de los libros que tratan sobre la tercera edad, que abundan sobre tópicos fisiológicos y mentales, es que la vejez trae consigo una considerable dosis de aburrimiento, sobre todo si uno ya ha cumplido con lo que razonablemente se espera de un ser humano durante su existencia. Y si uno no ha desarrollado alguna afición desde antes, que lo mantenga entretenido cuando no hay nietos de por medio alterándolo todo a nuestro rededor, las consecuencias pueden ser bastante negativas.
Cumplir setenta años debe tener un significado especial, digo yo, porque hay mucha gente que no llega a estas edades. Y ello lo menciono por la considerable cantidad de personas que he conocido en mi vida y que ya han muerto, sin haber llegado a esa cifra.


Es importante tomar en consideración que en la vida  las metas se establecen siempre en contextos temporales. Por ejemplo, cuando la gente percibe el tiempo como amplio o expansivo, como generalmente se ve en la juventud, entonces se enfoca en prepararse para el futuro. En cambio, cuando la gente percibe límites en el tiempo, entonces dirige la atención hacia los aspectos emocionalmente significativos de la vida, tales como el deseo de llevar una vida con sentido, de tener relaciones sociales emocionalmente profundas y de sentirse socialmente interconectado. La teoría de selectividad socio-emocional sostiene que la gente le pone un valor mayor a las metas emocionalmente significativas a medida que envejece e invierte más recursos cognitivos y sociales en obtenerlas. Este cambio en la motivación hacia metas emocionales promueve la regulación emocional.
El envejecimiento trae consigo o al menos deja ver una capacidad de auto-regulación emocional. Tal parece que la consciencia del poco tiempo que nos queda nos hace enfocarnos o sesgar nuestra atención hacia la información positiva del ambiente, todo en pro del bienestar emocional.
La paciencia del abuelo o abuela, el trato cortés de un funcionario adulto mayor, los consejos equilibrados que a veces damos los viejos tomando en consideración elementos que personas más jóvenes no tomarían en cuenta, son cosas que lo ilustran.


¿Tenemos siempre dentro de nosotros, escondida, esa capacidad de auto-regulación? ¿Es fruto de tantos golpes y experiencias? ¿Es una cualidad que se expresa por primera vez en la vejez? ¿Es lo que se conoce como sabiduría? ¿Tiene que ver con "más sabe el diablo por viejo que por diablo"? Todas estas son preguntas que nos surgen a partir de estas ideas del efecto de positivismo en la vejez.
En cierta ocasión dijo Unamuno que todos los seres humanos «sentimos un ansia de no morir», «un hambre de inmortalidad», «un anhelo de eternidad». Desde siempre, el ideal de la humanidad ha sido la búsqueda de la inmortalidad, impedir el envejecimiento, derrotar a la muerte.
Tal vez sea por esta obsesión del ser humano por la muerte que durante mucho tiempo ha prevalecido una visión sobre el último tramo de la vida que la ha identificado con el deterioro y el declive físico. Es evidente que cuando envejecemos se producen una serie de cambios fisiológicos indiscutibles: el diámetro de los vasos sanguíneos se estrecha las paredes de las arterias se endurecen y pierden elasticidad, la presión sistólica aumenta en un 20-25%.


Aproximadamente a partir de los 50 años se produce un declive en la secreción de la hormona del crecimiento, lo que hace que los músculos se encojan y la grasa aumente (glándula pituitaria e hipotálamo). La masa muscular disminuye (bien es verdad que en parte por falta de ejercicio). El rendimiento cardiovascular es menor. Los huesos empiezan a debilitarse (después de los 40) por efecto de la osteoporosis (especialmente en las mujeres que sufren una mayor degeneración ósea). EI timo empieza a encogerse, por lo que la respuesta inmune va disminuyendo poco a poco. También se ve afectada la secreción de determinadas glándulas adrenales como la DHE (dihidroxiepiandrosterona), algunas de as cuales se encargan de ralentizar el cáncer y estimular la inmunidad y la producción de cortisol, que es la hormona del estrés, aumenta (sobre todo a partir los 70).
Se producen también otros cambios físicos que son aún más visibles y que afectan por ejemplo a la caída o encanecimiento del pelo, la disminución de la agudeza visual y auditiva o la pérdida de olfato, la deformación de la cara y la aparición de arrugas...
Muy próxima y de modo paralelo a la visión de la vejez como deterioro, durante mucho tiempo ha estado vigente (lo está aún hoy) una visión que conceptualiza la vejez en tanto que ruptura social.
Podría decirse que la base teórica de esta visión procede de dos de las teorías con mayor arraigo en el campo de la Gerontología y que presentan innegables implicaciones para la teoría y la práctica educativa en la vejez. Nos referimos a las Teorías del Rol y de la Desvinculación social. En ambos casos se ha considerado el envejecimiento como una forma de distanciamiento social y como un proceso de pérdida progresiva de funciones y papeles sociales.


En primer lugar, la utilización de la Teoría del Rol en gerontología apunta la idea que la perdida y el cambio de algunos roles a lo largo del ciclo vital puede acarrear importantes desajustes personales y sociales en individuos de edad avanzada. En especial, el abandono del rol de trabajador supone, de un lado, la pérdida de los «beneficios» asociados al desempeño profesional (contacto personal con compañeros y colegas, estimulación física y mental, estructuración temporal y espacial, expectativas de futuro, mayores Ingresos económicos...) y por otro, implica asumir sus efectos más negativos (principalmente la internalización de las normas y expectativas vinculadas al rol de jubilado o pensionista).
Se entiende en consecuencia que esta situación puede conducir a un proceso de desestructuración vital, consistente en la pérdida de las señas de identidad social y personal. En definitiva, se considera que la carencia del desempeño de determinados roles (en especial los relacionados con el mundo laboral) tiene un efecto negativo sobre la totalidad de la vida de los jubilados y dificultan su adaptación vital, y termina por ejercer unos efectos negativos inmediatos que hacen disminuir los niveles de autonomía personal y de pertenencia social y aumentan los de dependencia familiar social, llegando incluso al desarrollo dé sentimientos de insatisfacción personal, de ansiedad o depresión
Por su parte, la denominada Teoría de la Desvinculación  explica un doble proceso de carácter individual y social que converge sobre el mismo punto: el distanciamiento gradual y progresivo de los viejos de otros sectores de población de menor edad. Por un lado, el individuo mayor paulatinamente va orientando su conducta y sus preocupaciones más íntimas hacia sus intereses particulares en un proceso de introspección que le hace sentirse menos obligado con los sistemas sociales y familiares a los que pertenece, siguiendo todo un proceso de interiorización que en ocasiones se expresa en forma de una mayor espiritualidad, mayor interés religioso 0 incluso en forma de egocentrismo. Al mismo tiempo y de manera complementaria, la sociedad no sólo acepta este proceso como normal y natural, sino que dispone los elementos ambientales e institucionales necesarios para apoyarlo, con objeto de que los viejos no obstaculicen el normal desarrollo económico y social.
EI principal mecanismo institucional que legitima a los individuos para romper lazos y ataduras y abandonar el desempeño de molestos roles sociales es, precisamente, la jubilación laboral. En consecuencia, la vejez como ruptura social significa básicamente asumir la visión de los viejos en tanto que seres faltos de función social y la vejez como una etapa de preparación y antesala de la muerte.
La tercera de las «visiones»  recoge algunos de los planteamientos de las anteriores: se trata de una concepción en la que, en el más puro estilo funcionalista, se percibe la vejez como un período de pérdidas y ensimismamiento personal progresivo, y a los jubilados y viejos como una categoría social inferior, constituida por individuos improductivos y poco comprometidos con el desarrollo de la comunidad, con dificultades de adaptación a los rápidos cambios y a la evolución social, y que supone por tanto una carga para el conjunto de la sociedad.

Esta visión presenta a los jubilados con serios problemas económicos y de adaptación y, en consecuencia, con importantes índices de dependencia hacia los demás (familia, servicios de asistencia pública pensiones...), dependencia que es aún más acusada en la cuarta edad, en la llamada por algunos como ancianidad profunda.
Este tipo de dependencia tiene como origen varias causas. En primer lugar, algunos factores como la anticipación de la jubilación (por efecto de los nuevos sistemas de producción), la prolongación de la juventud y la adultez hasta edades bien avanzadas, junto con unas mejores condiciones de vida, de alimentación y cuidados, hace que la gente llegue a la vejez en mayor número y en mejores condiciones que las de generaciones pasadas. A1 aumentar el número de sujetos que forman parte de un grupo determinado de edad, lógicamente aumenta el número y la complejidad de todos los problemas asociados al mismo.
En segundo lugar, el desarrollo industrial y la concentración urbana de la mayor parte de la población, en términos absolutos, ha generado, desde hace ya bastantes decenios, formas de residencia y formas de vida en las que los ancianos quedan marginados. Este hecho se aprecia muy especialmente en las condiciones de las viviendas unifamiliares que, cada vez menos, permiten la presencia física de los abuelos en las mismas. De este tipo de situaciones se deriva muchas veces que la convivencia del abuelo con la familia (hijos, sobrinos...) sea asumida únicamente porque no existen posibilidades materiales de intentar otras alternativas, y el anciano es aceptado como una carga, máxime cuando las necesidades económicas de la sociedad actual obligan prácticamente a todos los adultos a dedicarse a actividades de formación o laborales, y no queda nadie en la familia que pueda cuidar a los mayores.
Puede decirse como conclusión general al análisis anterior, que hoy día persiste una visión dual sobre el envejecimiento y la vejez: una considerable discriminación contra los viejos frente a una aparente exaltación de sus capacidades para seguir creciendo como individuos.
En el primer caso, el cambio social y cultural que caracteriza a la sociedad actual genera modos de vida en los que no caben ni los viejos ni los enfermos. Por eso se les oculta o disfraza con objeto de silenciar este abandono. Por ejemplo, muchas familias tratan de ocultar a los niños la vejez, sobre todo si es decrépita o se acompaña de una enfermedad degenerativa (esto es especialmente comprobable en familias con algún anciano senil o con Alzheimer).
En el segundo, la Gerontología, en cualquiera de sus ramificaciones, está tratando de pasar de un modelo catastrofista basado en la enfermedad, en la dolencia o en el mal; de un modelo que describe el envejecimiento básicamente como un declive intrínseco, biológicamente fijado, a un modelo contextual, que enfatiza la interacción entre el organismo y sus ambientes externos e internos, concediendo mayor importancia a múltiples factores de carácter físico, social, cultural, histórico económico, a las influencias sociales de la educación recibida y la profesión ejercida, las diferencias por cohorte, la personalidad, etc.

En todo caso, el papel de la educación en la vejez en los albores del tercer milenio se nos antoja decisivo para el cambio de mentalidades que ayude a desterrar definitivamente los modelos de decrepitud a favor de modelos de competencia y de desarrollo, que permita la construcción de patrones de envejecimiento que traten de canalizar intereses, expectativas, limitaciones y posibilidades de desarrollo personal y de interrelación para los mayores.
Si, como señalaba la escritora francesa Simone de Beauvoir, la revolución científico y tecnológica ha dejado a los ancianos sin rol social; si en la sociedad actual (fundamentalmente en los países menos desarrollados) miles de ancianos viven la angustia de la soledad, el abandono, la penuria; si muchos de ellos se consumen en aparcamientos geriátricos (a modo de guetos o «reservas» de diverso tipo, algunos con escaso control institucional, y muchos otros esperan largos años para entrar en ellos; si además la sociedad actual está orientada para los adultos jóvenes; si todo eso es cierto, también lo es que toda esta situación contrasta con el dato que indica que los viejos son cada vez más jóvenes, viven cada vez más años, son más sanos, más cultos, más conscientes... y también más exigentes.
Hay quien dice que la rebelión de los mayores será el gran revulsivo cultural del siglo XXI. Esperaremos a verlo, y en algunos casos, hasta puede que algunos de nosotros seamos protagonistas. Mientras tanto estamos contemplando la rebelión de los jóvenes desempleados, consecuencia de aplicaciones de teorías económicas que han demostrado estar equivocadas de medio a medio.
Creo que voy a celebrar mi llegada a los 70 años con cierto optimismo, y espero que comprendan por qué, después de haber leído estas páginas.
Alfonso J. Palacios Echeverría  

viernes, 24 de enero de 2014

LA SEXALESCENCIA

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía, la gente que hoy tiene entre  sesenta y setenta años:
La sexalescencia.
Una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo.
Lejos de las tristes oficinas de J.C. Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro en uno y en la otra. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el 5º piso del departamento.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar. Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60, en aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A.". Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "sesenta o setenta"", hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo y a otra cosa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.
Nota: Enviado por una querida amiga. (De origen desconocido)


martes, 10 de diciembre de 2013

CALENDARIOS

Todo cambia. Hace años, muchos años, cuando apenas tenía 15 y Marilyn Monroe estaba en la cima de su gloria, eran ella y alguna que otra artista del celuloide como Mae West o Jane Russell, quienes lucían cuerpazo en los calendarios de la época. Solo en las cabinas de los camioneros o en los talleres mecánicos podían  contemplarse aquellas tetitas perseguidas por el Régimen, específicamente por la censura, gastadas por el uso y embadurnadas de grasa y gasolina.

A partir de los 70 surgieron, como la primavera, montones de revistas, a la sombra protectora de Playboy, en las que los encantos femeninos daban pie, o cabecera, a terroríficos artículos de opinión que nadie leía, o simplemente a paginas de desnudos: de mises, señoritas del verano, reinas de belleza locales, camisetas mojadas, en fin de cualquier cosa que excitase la lívido masculina.
De repente aparecieron los bomberos, no sé si por admirar sus músculos o ayudar alguna institución benéfica, el caso es que mi “adorable esposa” se empeño en comprar, cada año, cuatro o cinco calendarios para ella y sus amigas y dejarlos a los pies del ensortijado Santa Claus el 25 de Diciembre.
Con la democracia y la llegada del nudismo a nuestra sociedad, fueron las estudiantes de Químicas, en Oviedo, pudorosamente cubiertas por matrices y tubos de ensayo o parapetadas tras montones de libros en la biblioteca quienes los promocionaron, mas que nada para poderse pagar el viaje fin de Carrera. No solo se apuntaron en la Universidad de Oviedo, también en Granada, Madrid y casi todos los Centros docentes de la España Autonómica.

Luego se paso a la protesta social: Aquellas 12 damas de tercera edad que mostraban sus encantos en lucha por un autocar escolar, o las madres deseosas de erradicar la prostitución callejera o las codiciosas por mejorar los comedores infantiles, en fin un amplio y variado abanico de “Calendarios picantes” en los que nada se mostraba y todo se dejaba a la aventura de la imaginación.
Con el tiempo, aquella folclórica costumbre, dejo de aparecer, surgían, eventualmente las, o los, componentes de equipos deportivos que aspiraban, con su venta: poder seguir su deporte favorito y poco más.
Pasaron los años, fui envejeciendo, y este tipo de jocoso obsequio
navideño, cayó en el olvido.

Pero no, al dedicarme a escribir en este Blog Naturista y deber con ello estar más o menos enterado de lo que se cuece en ambientes diferentes, lo primero que me llamo la atención fue el despliegue informativo creado en Inglaterra, Australia o Gales sobre la aparición de este tipo de calendarios, ahora sí, mucho más explícitos: bien de las remeras de la Universidad de Warwiek, de la Sydney University, o de las esposas de militares en Gales.Como novedad pecuniaria los ingresos se utilizan para fines benéficos: lucha contra el cáncer, ONG´s  en países tercermundistas o asolados por guerras fratricidas y lo que es más importante, ahora las desinteresadas modelos, universitarias o no, salen sobre el papel como vinieron al mundo. Un gran avance ya que como dije, con los años mi imaginación ha decrecido, como tantas otras cosas.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

LOS PEZONES ESTAN DE MODA

Tops transparentes y pezones visibles son el gran avance en el actual mundo de la moda. ¡Genial!
Ahora, nosotros que siempre hemos mantenido la separación de la desnudez y la sexualidad, tenemos que admitir que una vez se empiece a poner este tipo de ropa al alcance de todos los bolsillos, tenemos todas las apuestas perdidas. Eso será cuando la moda sea sexy, las mujeres mas sexys y lo que aparece en la pasarela se traslade a la calle.

De alguna manera, me temo que la tendencia probablemente no va a llegar hasta la gran multitud de tiendas de comestibles de mi barrio, ni a los supermercados, ni donde suele ir la gente, más o menos, normal como yo. Maldita sea, seguro que así las compras serian de lo mas entretenidas, hasta iría al mercado, aunque solo fuese por acompañar a mi “santa esposa”.
En estas estaba cuando leo que en EEUU, la lactancia en público de los niños esta casi prohibida, cuando aquí se anuncia la
 necesidad de conseguir más leche materna para la correcta, o más correcta, alimentación de los bebes. Y es mas, Facebbok admite en su contenido la inclusión de videos en los que se exponga la  decapitación de una persona o su lapidación, pero eso si nada de tetas y pezones. Pero no quedan así las aberraciones. Las mujeres estadounidenses están empezando hacer una campaña a favor del  toples en parques, mercados y centros públicos yendo contra el puritanismo local que, como en Facebook, prohíbe mostrar sus pezones en público, aunque si admite llevar armas de fuego al colegio o emprenderse a tiro limpio contra los ciudadanos en un ataque de pasión patriótica o  fervor religioso.
 Qué pena, con lo ilusionado que  andaba con la moda mucho me temo que a partir de ahora esas transparencias tan agradables a la vista desaparezcan de la Semana de la Moda de Nueva York o de la London Fashion Week. No hay que preocuparse, al final nos quedara la Pasarela Cibeles o la Paris Fahion Week, sin contar con Roma o Ámsterdam.
No veré la moda del pezón saltarín, como decía, por mi barrio pero para eso está la televisión, las revistas de cotilleo o la página de inicio de cualquier buscador de Internet.  

 

SAUNAS Y BUEN AMBIENTE

¿Cómo te sientes con la visión de cuerpos desnudos? Sencillamente, no hay nada que hacer frente a ello. El problema – o lo que sea – sólo existe en la mente de las personas que nunca lo han hecho.
La gente suele imaginar que la vista de personas desnudas será sexualmente estimulante y los tentará hacia pensamientos inmorales. Simplemente no funciona así.

Por supuesto, no hay nada que impida ser inmoral pensando en un ambiente naturista. Ya que la mayoría cree que lucen mejor con la ropa puesta. Puede que la razón principal de por qué tantas personas se preocupan tanto sobre la "necesidad" a seguir usando ropa, no es modestia, sino orgullo.
Rosa y yo no vemos mucha televisión, pero de lo que se ve casi cualquier noche, en la “Caja tonta” es mucho más estimulante sexualmente que una velada disfrutando de una sauna con unos amigos naturista. Porque lo mejor, en la sauna o en un jacuzzi, es la conversación y no contemplación.

domingo, 20 de octubre de 2013

DIA DEL POBRE JUBILADO (DPJ)

El verano se acabo y entramos en un otoño en el que, lo primero que piensa el Gobierno, por boca de su Ministra de Trabajo y con la opinión en contra del Consejo Económico y Social (Ces), es bajar las pensiones a los pobres jubilados. Que desgracia.
No debo quejarme. Este año, al contrario que muchos de los anteriores, hemos tenido un punto de inflexión, me refiero a mi “santa esposa” y a mí, en el discurrir veraniego. Desde hace años, antes de caer en el foso profundo de la jubilación, la estación estival era una mera continuación de la primavera y un preámbulo cálido del otoño. Con frases tan manidas, como ciertas, mi buena Matilde (esposa) me recordaba, a mediados de mayo, hechos tan reales como: “Tomás (yo), los franceses dicen que el verano será frió y lluvioso” o “Por cierto cariño tengo la impresión que ninguno de los trajes de baño que tengo están en situación de ser utilizados” o “Mi amiga Feli me comento que ya, a nuestros años, tenemos una figura horrible “ .Todo sin entrar en el tema automotriz y monetario : “Recuerda hacer una revisión total del coche, no sea que un día nos deje tirados en alguna playa” o “Por cierto, has visto que en Rodiles hay que pagar por aparcar en coche cerca del mar, con el daño que me hace andar por las rocas” “Vistes, con las mareas vivas del pasado año, las bajadas a determinadas playas o están prohibidas y son muy peligrosas” o, por último y para cerrar cualquier oposición lo de “Además, amor, con esa tripa cervecera que estas consiguiendo es casi pecaminoso pasear por cualquier playa,….ligeramente decente”
Matilde tenía razón, otro verano en Oviedo.
Todo cambio el domingo 16 de Julio, ida de la Virgen del Carmen para mas detalle. En no se que sección perdida del Comercio, entre las necrológicas y las fiestas locales, la Asociación Naturista de Amigos del Principado de Asturias (ANAPA) comunicaba a sus asociados y naturistas asturianos en general la celebración, en la Playa de Sablon de Bayas, del Día Sin Bañador (DSB) con la idea de celebrar una espicha y mostrar a los asistentes las ventajas del naturismo.
Alegando cierta mentira piadosa deje a Matilde y Feli en el Fontan y me lance a mi primera experiencia naturista. Salvo la caminata sobre la arena hasta la zona de la espicha y la superación del pudor inicial del desnudo, todo fue un éxito de público y critica. El grupo naturista me ofreció sidra, empanada, tortilla, chorizos, todo, como me dijo uno de los organizadores, pagando claro, pero poco, era como yo jubilado y catalán de nacimiento para mas detalle.
Bromee con el en la idea de instaurar el Día del Pobre Jubilado, ya que las nuevas generaciones están, al parecer, en recesión naturista, alegre mi pupila con la contemplación de sirenas de carne y hueso, nadie se metió con mi tripilla cervecera y salí de allí contento y relajado. Creo que hasta pensé asociarme, si Matilde lo aprobaba claro está.
De entrada no lo aprobó, mas bien me echo un rapapolvo monumental por haberme ido “solo” a ver guarrindongas en pelota. El enfado, para mi asombro, apenas le duro nada. Paso la semana preguntándome por el personal asistente, por las edades, por los hombres, las mujeres, los socorristas y la policía, esta ultima inexistente
Así murió Agosto. Por esas casualidades de la vida, una mañana, en La Paloma, tropecé con el jubilado naturista que, entre otras cosas bebía vino y ginebra como una esponja. Nos reconocimos vestidos y me invito a la “Ultima Espicha del Verano”, mismo lugar misma hora, dijo.
Por raro que parezca, no me consto nada convencer a Matilde y ambos, como venimos al mundo, disfrutamos de un día de playa, el ultimo del verano, bebimos sidra, hicimos amigos y nadie, como en mi caso el primer día, opino sobre las tetas caídas o las varices de “mi santa esposa”
Como acaba de anunciar el equipo de Gobierno, nuestras pensiones bajaran, pero aun nos queda el ahorro en trajes baño, la perdida de nuestro pudor y el gasto extra de cremas solares protectoras. Todo eso será en el 2014,

martes, 8 de octubre de 2013

EXTRAÑOS COMPAÑEROS DE Spa

         —Hola José Luis.
Así de pronto no supe de donde salía la voz ni si se dirigía a mí. Estaba bajo un potente chorro de agua que me impactaba sobre la cabeza en el único Spa nudista que funciona en Madrid en horario continuo y aseguraría que, cuando entre, a las 6 de la tarde, estaba solo. Mientras me acostumbraba a la mortecina luz azulada del recinto intentando enfocar el origen del saludo, la cabecita entrecanosa que tenía delante seguía con su  alegato.
         —Tienes que acordarte, fue hace tres años en el Spa de La Felguera.
Entonces caí. Leda y Pablo. Palacio de las Nieves. Septiembre del 2011.
Por lo general cada año la Asociación naturista a la que pertenezco, inicia, este mes, la utilización del Spa del Hotel exclusivamente para nudistas. El primer día suelo llegar a la recepción con bastante antelación, bien por si aparecen socios de nuevo cuño bien por si hay personal recién contratado que desconoce nuestras rutina o por si la Gerencia tiene normas diferentes para el presente año.
Fueron los primeros. Ella por delante. Se presento, me plantifico un par de besos, salude a su marido y en vista que nadie aparecía ingresamos juntos en el vestuario.
Con el pelo grisáceo muy cortito y como si lo conociera de toda la vida se adentro, nos adentramos bajo su dirección, en el vestuario femenino, si vamos a estar desnudos en el Spa, no hay porque discriminar sexualmente los vestuarios, abrió la taquilla que le asignaron y empezó a desvestirse. Lo primero que me distrajo es ver que no llevaba sujetador, lo segundo el clavel reventón que lucía sobre su glúteo derecho y por último la minitanga que apenas le cubría el chochito. Estos hechos puntuales  e impropios
de una mujer de casi sesenta años me despistaron. Casi entra en la piscina hidrotermal antes que yo, más bien llegamos juntos y allí nos separamos. Yo, como siempre fui a la zona de chorros y ella al área de descanso. Llegaron más socios  y durante casi una hora no volví a verla.
Nos reencontramos en el Jacuzzi y al resguardo de cientos de burbujas me entere que eran de Tineo, que su marido, médico recién jubilado, padecía problemas nerviosos (inicio de alzhéimer pensé yo) y los doctores le aconsejaron sesiones hidrotermales y mucho descanso, por eso apenas si se movía. La realidad es que el callado de Tomas estaba sobre una de las camas de descanso de la que apenas se despego durante toda la tarde-noche.
Volvieron en Octubre y Noviembre y desaparecieron. Al principio lo achaque al duro invierno y las nevadas luego me olvide de la pareja, solo termine visualizando el curioso pirsin que Leda lucía en su coñito. En sus años mozos debió ser una hembra de armas tomar, pensaba algunos días en los que esperaba que regresaran de nuevo.
          Si Leda me acuerdo. ¿Qué es de Tomás?, ¿Qué haces por Madrid?
         —Lo de siempre, de médicos.
         —Venga salgamos del agua y charlamos en la sauna, es más tranquila.
Recorrimos, bajo la mirada un tanto perdida de Tomas que como en Asturias descansaba en una tumbona, un pasillo por el que, a mano izquierda, se iba al área del jacuzzi, a la derecha, a la poza fría y al final a las diferentes de saunas. Entramos en la finlandesa.
Leda había cambiado muy poco, casi nada. Los mismos pechos, la misma decoración exterior, el pirsin, el pelo rapado casi al cero e idénticas ganas de hablar. No habían vuelto por el Palacio de las Nieves por la enfermedad de Tomas, ya no había quien condujese el coche de Tineo a La Felguera y encima se pasaban los meses entre médicos y hospitales. Desde hacía un año, cada trimestre venían a Madrid para no sé qué tratamiento. En esos periodos se acercaban al Spa para olvidarse del ambiente hospitalario en el que vivían, ella se relajaba y él seguía como siempre, ido del mundo, tumbado en cualquier hamaca en la zona de descanso.
          -Dame un masaje, me dijo de pronto, sino recuerdo mal tú y una chica de Noreña hicisteis un curso y algo seguirás sabiendo. 
El Spa alquilaba por horas salas individuales de masaje, aceites y toallas por el módico precio de 20 € y tras solicitar una de ellas fuimos al piso superior donde se alineaban los cubículos.
Ni con mucho puede decirse que fueran cutres. La camilla ocupaba el centro de la habitación, decorada e iluminada en tonos rojizos, una serie de palillos de incienso aromatizaban el ambiente y una música, entre árabe e hindú daba al recinto un aspecto entre místico, mundano y erótico.
Sin mediar palabra Leda se acostó sobre la cama y se ofreció ante mí.
Hacía años que no daba un masaje y menos en estas circunstancias. Empecé a distribuir aceite por aquel cuerpo desnudo y relajado Por la espalda, la cintura, los glúteos, las piernas, los pies. Si bien intenté ser lo más profesional posible aquella rosa tatuada en el culo centraba y dirigía mis manos. Empecé por la cintura, decontracture los hombros, el cuello, los omóplatos, recorrí la columna vertebral desde la cabeza hasta muy por debajo del coxis. Queriéndolo o no iba lentamente separando las piernas de modo que el culo y el clítoris eran cada vez más visibles. Amase y amase la rosa tatuada, note la humedad sexual de su entrepierna y en un alarde de sensualidad recorrí el canal de los glúteos hasta presionarle  levemente el ano. Pare y me centre en piernas, caderas y pies. No obstante en cada movimiento ascendente mis dedos volvían a discurrir muy cerca de sus órganos sexuales, acariciándolos y aceitándolos.
 Hubiese seguido así hasta finalizar la hora pero ella me detuvo.
         Ahora por delante, dijo dándose la vuelta.
Perdí la visión de la flor y surgió, brillante,  atrayente y movedizo el pirsin de su clítoris.
Algo se cruzo en mi mente y el masaje pasó de ser totalmente erótico. La distribución de aceite fue una caricia prolongada por los pechos, la cintura, las ingles y aquel coñito resplandeciente bajo el brillo del pirsin.
Primero los pechos surgiendo y desapareciendo entre mis dedos, después su abultado Monte de Venus, finalmente su Fuente de Jade. Ya no era un masaje, era una masturbación en toda regla. No solo no protestaba sino que cada poco un leve suspiro de aprobación salía de su boca.
Su mano, de pronto, se descolgó de la camilla y se enrosco en mi pene. Empezó, como yo a ella, a masturbarme, lenta muy lentamente. Yo, a ratos, subía a beber en sus pezones y a ratos bajaba hasta su Fuente, totalmente inundada. Golpeaba el pirsin con los dientes y mi lengua se paseaba por su clítoris. Empecé a sentir vibraciones de placer mientras su mano se activaba al máximo sobre mi sexo. Se corrió ella y me corrí yo. Descansamos un rato y volvimos a la piscina hidrotermal, en una de cuyas áreas de relax seguía Tomas ajeno a todo cuanto le rodeaba
         Bueno José Luis hemos pasado una tarde muy agradable, algún otro día volveremos a encontrarnos.
Cogí el metro pensando en los caprichos del destino y en las raras coincidencias de la vida. Lo normal es que nunca volviéramos a vernos pero……….. nunca se sabe.        

NAKEDSPA

Por mucho que el Presidente de la Federación Española de Naturismo se empeñe y pese a la enorme labor de las Federaciones Regionales, ayudadas incondicionalmente por el empuje de la Federación Internacional, cada día que pasa pienso más que serán, no ya los nudistas de a pie y sus dirigentes, sino los ciudadanos del montón, quienes introduzcan el naturismo en nuestra sociedad.
Este mes, como todos los de Febreros viaje a Madrid. Fundamentalmente a celebrar el cumpleaños de mi madre, el de mi hijo y el de dos de mis nietos. El desplazamiento lo rematé visitando ARCO, y  JUSTMAD 3 y, por aquello de las carambolas de la vida, asistiendo a la puesta en funcionamiento del primer Spa naturista de Madrid en horario continuo, el “nakedspa
Hace ya algunos años hacía deporte. Un buen día, un doctor me lo prohibió, por aquello del corazón. Seguí nadando, moderadamente, y caminando sin prisas, pero ahora la edad y mi vagancia han hecho que lo abandonase todo. Casi nadie lo sabe. Menos mi hija que ahora se ha hecho un devota del deporte: pádel, natación, esquí.. .y que si en viajes anteriores intentó, sin éxito, que la acompañase a las instalaciones municipales donde lo práctica, en este y a base de tozudez consiguió arrastrarme: ella jugaría su partido de pádel y yo nadaría y podría gozar del Spa anexo a la piscina, todo por el módico precio de 1,35€.
A las 9,30 de la mañana dejo a los niños en el colegio y a mí en la piscina y con un cariñoso “Te recojo en la puerta a las 11,00” se despidió con un beso.
Las instalaciones eran soberbias. Una piscina de seis calles, casi vacía,  el Spa en uno de los laterales y otra piscina para niños y clases, todo iluminado por luz natural a través de paredes y techos acristalados, y solo por 1,35 €, para los jubilados, se supone. Así, a bote pronto, éramos seis nadadores en la pileta y como 10 o 12 en la bañera hidrotermal. Me disfrace de pez y me lance al agua. A los doscientos metros el corazón me salía por la boca. Pare y empecé hacer series de cincuenta con pequeños descansos hasta completar los mil  metros que tenía programados. Al salir me temblaban las piernas y tuve que hacer una serie de estiramientos para evitar que se me acalambrasen.
El recinto hidrotermal era otra cosa. Me tumbe en una cama de agua y allí se inicio mi descaso. Pase al jacuzzi, los chorros lumbares fueron lentamente estabilizándome  y empecé analizar a quienes  me rodeaban. Éramos 11 personas, cuatro hombres, siete mujeres y una fisioterapeuta acuática que hacía ejercicios con uno de los varones. Las damas se distribuían entre los chorros de agua, las camas y las zonas de masaje subacuático, siempre bajo la atenta organización del otro varón que, por lo que mandaba y por su conocimiento del personal parecía el más veterano y sabiondo del grupo.
Me centre en una mujer, como de mi edad, o sea de más de 60 años, con un bañador de los setenta, ya muy dado de sí y un gorro blanco de goma con topitos, que  intentaba, sin éxito, bajo uno de los chorros en cascada, que el agua no arrastrase la parte superior del mismo. No lo conseguía. Cada vez que el agua golpeaba sobre su cuerpo, el bañador le descendía hasta la cintura, dejando, lógicamente sus pechos al aire. Intento, al principio, sujetárselo con los brazos, luego ciñéndoselo mas fuerte tras la cabeza, y al final dejándolo a su aire, con las tetas flotando libremente bajo el agua. Era bonito. Salvo yo nadie parecía percatarse del hecho. Sufrió con resignación y no sé si algo de gozo, la aplicación, por dos veces, del agua a presión y luego, por esos avezares de la vida  se vino al jacuzzi y se sentó a mi lado. Bueno, a mi lado no, así como a metro o metro y medio de mi. En aquel momento solo otro señor y yo lo utilizábamos y el estaba en posición ventral aplicándose chorros de agua en el estomago, o lo que es lo mismo, nos daba la espalda. La buena mujer se sentó, empezó a sentir el masaje del agua en su espalda y se repantingo bajo el agua. Debía sentirse a gusto, muy a gusto. Así, por las buenas, como si fuera la única bañista del complejo, volvió, ahora a conciencia, a bajarse la parte delantera del bañador, se reubico los pechos, que como dos grandes globos blancos flotaban a escasos centímetros de mi, se lo anudo, una vez acomodados, tras la cabeza y siguió tendida bajo el agua con cara de infinita relajación.
Pase como cinco minutos mirándola, imaginando que estos balnearios urbanos empezaban a ser el nuevo germen del naturismo en España. Éramos la tercera edad, esa generación que habíamos vivido  el recato de la iglesia y el franquismo, esa generación a la que ya todo, y no digamos su cuerpo, lo tenían asumido, ese grupo humano al que por su edad, ningún vigilante o socorrista iba a decirles que se les veía el pecho o la picha. Hay que matizar, no obstante que a mi si me recriminaron que, en un descuido ocasional, mi gorro de baño cayera bajo el agua y pasase como diez minutos con el pelo, de la cabeza, al aire.
No pude ir a la inauguración del “nakedspa”. El sábado había partido de futbol y debía ejercer de canguro con mis nietos, por lo que  espere hasta el martes para conocerlo. Según la información del Presidente de la FEN era el primer balneario urbano enteramente nudista abierto todos los días mañana y tarde, es más, los afiliados a la FEN, teníamos una sensible reducción en todos los precios.
Estaba lejos, unas trece estaciones de metro, pero como después comprobé, desde Bilbao a Pacifico el recorrido era directo y apenas había que andar hasta llegar al Spa.
Un encanto de señorita, ataviada con pantalón y camiseta blanca, que decía a gritos que estaba totalmente desnuda por debajo o solo llevaba una tanga, se me presento, a la entrada, como Patricia suministrándome una toalla de baño y  llevándome hasta el vestuario, el femenino, tal vez por error. Dijo que me desnudase y luego volvía  a ensañarme las instalaciones.
Cumplió su palabra. La esperaba totalmente desnudo y sin inmutarse lo más mínimo salimos hacer un recorrido de las instalaciones. Pensé que, por ser el único Spa naturista de Madrid a jornada completa, habría más gente, pero no, estaba yo solo. Vimos la tina hidrotermal, la zona inferior de relajación, un pequeño gimnasio, no se para que. Salimos por un pasillo del fondo.  A mano derecha jacuzzi, a la izquierda una piscina fría de contrastes y al fondo las saunas y las duchas. Todo muy limpio iluminado por  luces difusas  azuladas.
Por una escalera de caracol subimos a la segunda planta dedicada exclusivamente a masajes: Sala de Tierra, Sala de Aire, Sala de Agua, Sala de Fuego, cabinas individuales para particulares, zona de relax. Al parecer unas veces se daba el masaje en camilla, otras  en el tatami del suelo y otras en una mini piscina. El ambiente estaba impregnado de incienso y en cada uno de los aposentos la música sonaba de acorde con el nombre de la Sala.
Regresamos al Spa y con un
         — Recuerda soy Patricia, cualquier cosa que quieras no tienes más que pedírmelo; agua, toallas, masajes. Gracias.
Me quede solo en el agua y durante una hora fui pasando de una instalación a la siguiente esperando, sin éxito, que aparecieran nuevos usuarios. Tal vez por ser un día de semana, por estar lloviendo, o ser muy temprano pero la realidad es que estaba solo.
Cuando ya pensaba irme volvió aparecer Patricia, se acerco a la piscina y de forma muy recatada me pregunto si no deseaba un masaje. Salí del agua y le pregunte tipos y precios.
         — Por ser la primera vez puedo hacerte una mezcla de técnicas y el precio será de……
No me pareció caro y acepte su oferta.
Nos dirigimos a la Sala Tierra. Dos tatamis en ángulo cubrían el suelo, entre ambos una mesita con velas, aceites y toallitas, de fondo música mezcla de hindú y africana.
         Túmbate ahí boca a bajo
Me dijo indicándome uno de los tatamis, mientras ella se despojaba del pareo quedándose únicamente con una tanguita blanca. Sin decir ni media palabra se ubico a mis pies e inicio su trabajo. Note como sus manos, muy suavemente, iban recorriendo mi cuerpo sin apenas presionarlo  subían hasta la cabeza para de nuevo descender sin centrarse en ningún punto en particular. Todo muy despacio, muy despacio. Entre la música, la poca luz y aquella especie de masaje-caricia los minutos pasaron volando.
         —Date la vuelta.
Oí de repente. Lo hice y ahora sí, viéndola me despeje de golpe. Volvió a la rutina inicial. Yo mejore mi  campo visual centrándome en sus pequeños pechito, casi inmóviles que subían y bajaban a escasos centímetros de mi piel.
         —Hemos terminado. Como te encuentras. Solo tienes una leve contractura en el hombre derecho. Estas muy relajado.
Como no, pensé, después de este masaje. Me dejo en la ducha y desapareció. La vi al salir.
         —Confío que vuelvas.
         Difícil, conteste, no soy de aquí, pero, si viajo a Madrid, regresaré.
Se llamaría de verdad Patricia o era su nombre de guerra y el autentico sería Paquita, Manoli o Belarmina todos ellos muy asturianos. Qué más da, pensaba de vuelta en el metro, lo lógico es nunca volviera a contemplarla. Que anacronismos tiene la vida, había más gente en el Spa del centro deportivo público que en este privado y el tratamiento del desnudo entre los asistentes, puede decirse que era, casi idéntico.

martes, 1 de octubre de 2013

LANGRE:SURFING, DESNUDOS Y PERROS

Hace un año, en un articulo de Guillermo Esain “Baños de libertad” que se iniciaba con el subtitulo de:”Las playas de raíz naturista, más de moda que nunca, se consolidan como apuesta veraniega”, el autor escribía:Si hay un mundo paradisíaco, ese es el de las playas de ensueño naturista. Unos 400.000 Adanes y Evas españoles las disfrutan asiduamente. Y cada vez con mayor naturalidad, la práctica “sin textiles” gana adeptos. Atrás quedaron los guetos, el escándalo público y el miedo a la reprobación social. Esta pulsión liberadora es mucho más que una tendencia; es lo mejor del verano. Bañador sí o bañador no. Raro es el tramo de segmento de costa española en el que falte esa atmósfera de relax, formas civilizadas, discreción y limpieza (aun sin papeleras) que caracteriza las zonas “sin textiles”. Ni neveras, ni radios; el viento y el oleaje como única banda sonora. 
Federación Española de Naturismo (FEN) lo deja bien sentado: en España no existen playas nudistas (término que barajan en las oficinas de turismo), por lo mismo que no hay sectores acotados para señores con bañador o con barba. Ni caben guetos ni sanciones. Tampoco UNICEF ha manifestado su disconformidad con la visión infantil de la desnudez.El paraíso cántabro de Langre (Ribamontán al Mar) tuvo en Félix Rodríguez de la Fuente a uno de los primeros bañistas despojados de su traje de baño. Y tal como la conoció el televisivo divulgador, como por ensalmo, así se ha conservado..........Con esto, una oferta hotelera en Internet y la previsión climática, en la que el sol predominaba sobre las nubes, salimos hacía Langre a disfrutar de unos días de descanso.

 Desde Oviedo, al norte de la ria Santander y exceptuando el tramo de obras desde Llanes el límite provincial, el viaje es una delicia: el paisaje verde, el mar al norte y el tráfico muy fluido. Tarde mas de lo normal, en parte por mi lentitud y en parte por un error de mi copiloto, pero llegamos al fin a un hotelito rodeado de lecherías y panificadoras a menos de 500 metros de la playa.
Aparecimos  los primeros, o de los primeros, en la playa y nos encontramos con todo el arenal convertido en una gran escuela de surf. De este a oeste un montón de escuelas de este deporte, precalentaban a sus alumnos, los revestían de neopreno y los enviaban hacia un mar que, mas que embravecido, parecía una balsa de aceite, allí flotaban y flotaban a la espera de aquella ola respetable que, por lo general no llegaba, los deslizasen sobre el agua.
A medida que pasaba la mañana, los surfistas fueron desapareciendo y la playa se llenó de bañistas, textiles al sur y nudistas al norte, eso si, en una perfecta convivencia y ambos grupos con la utilización total del arenal.
Por la tarde volvieron los surfistas y pese a la bonita prohibición del Ayuntamiento contra la entrada de mascotas, la playa se lleno de ellas. Debo reconocer que, si al principio me preocuparon, por los niños, los excrementos y las carreras, al final termine por olvidarlos. 
Al atardecer los diferentes grupos fueron desapareciendo quedando la playa como al amanecer: vacía, y con los flecos blanquecinos que dibujaban las olas al morir sobre la arena.
Me gusto la playa, la zona y el ambiente. Pase una semana y me fui con la intención de repetir otro año, tal vez para reencontrarme con el dueño del hotelito o por bañarme desnudo rodeado de surfistas y mascotas, mayoritariamente caninas.